En los momentos de definición histórica y reivindicación gremial, la tentación de la dispersión siempre acecha. Cuando la espera se prolonga y los procesos parecen postergarse, es natural que surjan voces individuales, iniciativas aisladas o visiones encontradas. Sin embargo, la historia de los movimientos laborales nos enseña una verdad irrebatible: los derechos no se restituyen a través de esfuerzos fragmentados; la justicia solo se alcanza con cohesión e institucionalidad.
Para la familia de UNAPETROL, la unidad no es un eslogan de comunicación ni una consigna vacía. Es una necesidad operativa y un deber moral con nuestra historia.
Cuando nos atomizamos en pequeñas parcelas, perdemos fuerza en la mesa de negociación. La dispersión genera tres grandes riesgos que debemos evitar:
Pérdida de interlocución: Ningún ente institucional o gubernamental negocia con voces dispersas.
Debilitamiento legal: Las iniciativas paralelas o al margen de los estatutos carecen de validez jurídica, lo que vulnera el respaldo que cada trabajador necesita para la defensa de sus pasivos e intereses.
Desgaste de la mística: La división agota la energía de la base y sustituye el debate de fondo por discusiones adjetivas.
La unidad no se impone por decreto; se edifica día a día a través de hechos concretos y reglas claras. Para construir esa cohesión que nos haga fuertes, trabajamos sobre cuatro pilares fundamentales:
La estructura no es una traba burocrática; Es la manera de convertir la fuerza en poder. Es el escudo que nos protege a todos por igual.
La confianza es el pegamento de la unidad. Construimos cohesión actuando integralmente
La unidad se nutre con la presencia de todos. Asistir a las convocatorias, participar en las asambleas y sumar esfuerzos en la actualización de registros.
Entender que la reivindicación de nuestros derechos laborales —prestaciones, antigüedad, dignidad y justicia— está por encima de cualquier aspiración personal o regional.
A nuestros compañeros dentro del país y a quienes hoy integran la diáspora petrolera en distintas partes del mundo: el momento exige altura estratégica y madurez gremial.
Una UNAPETROL organizada, legalmente sólida y plenamente cohesionada es la única herramienta capaz de transformar años de espera en certezas procedimentales e históricas.
La causa es una sola. La respuesta debe ser unánime.